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martes, 11 de junio de 2013

Viaje a India 2013 - artesanía en Jaipur

India - artesanía
Operario puliendo una gema

India - artesanía
Entrada al taller de gemas
Joyería
En India la joyería se asociaba principalmente con la mujer casada, que contaba con ella como una forma de ahorro. En la India tradicional, la mujer recibe joyas a través de su familia o la de su marido como herencia o regalo, y cuando enviuda, puede utilizarlas para mantenerse económicamente. Las viudas no suelen lucir sus joyas, ya que se convierten en su sustento; y una vez muerto el marido ya no corría peligro de que este la repudiara y tuviera que marcharse de casa con lo puesto cuando imperaba esta costumbre de origen musulmán. La necesidad de acumular riquezas en el propio cuerpo, hizo que hubiera una gran variedad de tipos, para poder utilizar cualquier parte de la piel como soporte: además de las típicas como anillos, pendientes, pulseras o collares, también disponen de tobilleras, abalorios para la nariz, aderezos para el pelo o para el ombligo, etc.
India - artesanía
Vestíbulo de la tienda
Por supuesto, hoy en día los gremios de joyeros se vuelcan más en el tipo de joyas que todos conocemos pensando en la exportación, y utilizando una gran variedad de piedras preciosas.

Cuando nos mostraron un taller de tallado de gemas, lo que más me llamó la atención no fueron las joyas, sino la diferencia de estatus entre los dueños y los operarios, ya que algunos de estos últimos trabajaban en posturas innecesariamente incómodas, con herramientas muy mejorables y sin medidas de seguridad; y no se puede decir que sea por falta de presupuesto, ya que no hay más que echarle un vistazo a la parte noble del edificio que no desmerecía de la vivienda de un maharajá.





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Otros operarios. Por supuesto sin gafas para proteger los ojos de las chispas
Tejidos
Los principales tejidos que hemos visto en India están basados en el algodón, la lana y la seda, ya sea por separado o en combinación; lo que da diferentes texturas, calidades y, por supuesto, precios. 
Inserto un par de vídeos donde se muestra un poco el arte de la imprimación de motivos y colores sobre tela.


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Impresión sobre la tela con sellos de madera


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Química de los tintes


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Mujeres preparando las madejas

Alfombras
La técnica de fabricación de alfombras llegó a India probablemente desde Irán, ya que floreció en la parte norte del subcontinente utilizando diseños con predominio de patrones geométricos y vegetales de origen persa y de Asia central. La calidad depende tanto del material, en el que destaca la lana de Cachemira, como del número de nudos por centímetro cuadrado.

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Artesano con complejo de gallina fabricando una alfombra

Como habrá experimentado cualquiera que haya estado en una tienda de alfombras en oriente, tras mostrarnos algunas de las técnicas de fabricación, nos encerraron en una habitación con un largo banco corrido donde se apresuraron a ofrecernos bebidas para tenernos entretenidos y que no se nos ocurriera marcharnos. 

India - artesanía
La alfombra se quema y cepilla por detrás para quitarle las hebras sobrantes
El anfitrión hablaba un correcto español, con el cual nos enumeraba las maravillosas ventajas de tener alfombras en casa (alfombras en plural, como si fueras a comprar más de una) y de lo fácil que es limpiarlas una vez cada 30 años. ¡Vamos, que si cubro de alfombras el suelo de mi casa no vuelvo a barrer ni fregar nunca más!. Por supuesto no olvidó relatar lo cómodas que son de transportar, que casi se acarrean ellas solas.

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Seguidamente pidió a sus ayudantes que nos mostraran los diversos modelos en una suerte de espectáculo donde estos esperaban la señal del anfitrión para desplegarlas de un solo golpe e impresionar con su colorido al posible comprador. Sin embargo, en esta ocasión los compradores solo eramos cinco, incluyendo dos matrimonios, con lo que las posibilidades de venta se reducían drásticamente. Pero esto no desanima a un vendedor de alfombras, y menos si es indio.

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Las alfombras se sucedían rápidamente una tras otra, sin darnos a veces tiempo de apreciarlas debidamente, pero con la intención de mostrarnos cuantos más modelos y combinaciones mejor.
Honestamente, pensaba que siendo tan pocos nos iríamos todos sin comprar ni un felpudo de baño, pero satisfechos por haber pasado la tarde viendo artesanía local. Sin embargo, en un momento, no se si de enajenación, mi hermano dijo aquello de "esa me gusta", seguido de un "había pensado comprar una". Todavía no me había repuesto de la impresión, cuando mi otro hermano comentó con mi cuñada "podríamos comprar una para el salón". ¡Tres de cinco!; pero lo peor es que el vendedor no solo sonreía con cara de triunfo, sino que nos miraba a mi mujer y a mi como diciendo "¿y no van ustedes a llevarse ninguna?".

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Mientras mis hermanos escogían, yo ya había comenzado el proceso de claudicación, diciéndole a mi mujer "si quieres..."; y para cuando había terminado con ellos, nosotros ya estábamos buscando un diseño que nos satisficiera. Pero había un problema, y es que el modelo que más me gustaba se lo había llevado mi hermano mayor. Pedimos otra igual, pero... ¡no había!. El vendedor pareció quedarse completamente descolocado, pidiendo a sus ayudantes que buscarán otra lo más parecida posible, cosa que hacían con cierta desesperación, como si la cena de esa noche dependiera de encontrarla; como esta no aparecía, el bribón llegó a proponer la tontería de que nos quedáramos con la de mi hermano y que él escogiera otra, proposición que, por supuesto, mi cuñada rechazó. Parecía la viva imagen de la derrota. Ya nos levantábamos para marcharnos, cuando en un último intento el vendedor se nos acercó, y nos dijo en un tono de voz con el que parecía que iba a contarnos un secreto inconfesable de familia: "esperad que los otros se marchen". Como mis hermanos ya estaban prácticamente fuera, el tunante nos ofreció "un precio especial", que solo nos lo brindaba a nosotros porque le daba lástima que nos marchásemos sin una de sus bonitas alfombras; haciendo un ímprobo esfuerzo, y quedándose prácticamente sin margen comercial, nos rebajaba 25 euros del  precio al que había vendido las otras. Mi mujer y yo nos miramos, pero ella, no se si en un arrebato de piedad, dijo "la verde me gustaba, y va con los tonos del salón...".
Todavía hoy cuando la miro en el suelo de mi casa, me pregunto qué nos echaron en aquellas bebidas.

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